En la puerta del Rastro o de la Estrella, de la ciudad de Ávila, se añadió en el siglo XVI un mirador, que forma parte del gran Palacio de los Dávila. Este mirador es el protagonista de una de las leyendas más famosas de nuestra ciudad que contamos en nuestros free tours, la leyenda de «manqueospese» o «aunqueospese». Una adaptación de «Romeo y Julieta» a «la abulense», que dice así:

Alvar Dávila entró en Ávila de retorno de la batalla de las Navas de Tolosa y, montado en su caballo, sus ojos se cruzaron con los de Doña Guiomar, que era hija del noble abulense Don Diego de Zúñiga. Alvar quedó perdidamente enamorado de ella, pero Don Diego no aprobaba esta relación, ya que tenía otro destino pensado para su hija: entregarla a Dios. Alvar intentaba entrar en el palacio a escondidas para ver su amada, pero era siempre expulsado de él. Una de estas veces, lleno ya de ira y desesperación, le dijo a Don Diego la famosa frase: “aunque os pese, la veré”. El palacio se mantenía vigilado día y noche por si intentaba volver a ver a la joven, la cual, entre lágrimas y suspiros miraba desde este mirador hacia la sierra, hacia el pueblo de Mironcillo donde Alvar tenía su gran castillo. La leyenda nos dice que, él desde la torre del castillo y ella desde el mirador de su palacio, hacían hogueras y se comunicaban mediante espejos a través de reflejos. Un día, según la leyenda, cansada de llorar por estar retenida y privada de su voluntad, Doña Guiomar muere en el balcón mientras intentaba comunicarse con Don Alvar y, en ese mismo instante, se convirtió su alma en una blanca paloma que voló por todo el Valle de Amblés hasta adentrarse en la torre del Castillo de Mironcillo. Don Alvar que la reconoció al instante, la acogió en sus manos y decidió llevarla siempre a las sucesivas batallas en las que tomó parte, cumpliendo de esta manera su juramento: “aunque os pese, la veré”.