Uno de tantos monumentos que no dejamos de visitar en nuestros Free Tours en Ávila, es la Basílica de San Vicente.

Esta gran iglesia se encuentra dedicada a los santos Vicente, Sabina y Cristeta, que fueron mártires nacidos en Talavera de la Reina (Toledo) en los últimos años del siglo III. Aproximadamente en el año 306, con motivo de las persecuciones de Diocleciano y después de haberse negado a firmar un documento en el que rendirían honores a los dioses romanos; los tres santos -que eran hermanos- recibieron torturas y sus cráneos fueron aplastados tras haber buscado refugio en la ciudad de Ávila. Cuenta la leyenda que el martirio de estos tres jóvenes fue presenciado por una persona judía, la cual disfrutaba del espectáculo y pretendió profanar los cadáveres de los santos. En ese mismo momento, se cuenta que salió una serpiente de una roca y tras enroscarse en su cuerpo, lo asfixió. Ante la inminencia de su muerte, ofreció a Dios convertirse al cristianismo si este le salvaba la vida. Se obró el milagro y, como prueba de agradecimiento, dio sepultura a los tres mártires y ordenó que se erigiera una capilla sobre sus tumbas. Asimismo, dispuso también enterrarse él en ella cuando falleciera. Las supuestas pruebas de esta leyenda fundacional del edificio se pueden ver dentro del mismo, ya que se conserva tanto la piedra en la cual se enterró a los tres jóvenes como la tumba del judío.

Dejando de lado la leyenda, nos podemos ir al año 1130, que es cuando se empezó a construir en honor de los tres mencionados mártires manchegos este inmenso edificio en pleno periodo románico. El material utilizado es la “piedra caleña”, la misma que se empleó en San Pedro. Se finalizó la construcción durante el siglo XIV, por lo que se pueden apreciar ya elementos góticos, como sería el cimborrio del templo. En los siglos XIX y XX tuvieron lugar varias restauraciones que dieron a la obra el aspecto que tiene hoy. Es interesante mencionar, como curiosidad. que este lugar es, junto a San Isidoro de León y Santa Gadea de Burgos, uno de los tres “templos juraderos” del reino de Castilla. En ellos, se prestaba juramento decisorio y sagrado, hasta que este rito fue prohibido por los Reyes Católicos en 1505.