Los orígenes de nuestra ciudad son, ciertamente un poco confusos. Se cree que hunden sus raíces en el pueblo vetón, el cual decidiría fundar aquí un asentamiento debido, principalmente, a la orografía del terreno y a la cercanía al río. Los vetones eran un pueblo prerromano, de cultura celta, que se asentó principalmente entre los ríos Duero y Tajo, que sería lo que hoy corresponde a Salamanca, Cáceres y Ávila.

Según esta teoría, los vetones habría decidido llamar a ese núcleo de población “Obila” que significaría, literalmente, “monte alto”. Esto es ciertamente así, ya que el punto más alto de la ciudad se encuentra a 1131 metros sobre el nivel del mal, lo que hace de Ávila la capital de provincia con más altitud de España.

El principal vestigio que se conserva de este pueblo, son los verracos, que son unas esculturas de piedra que se asemejan a toros, cerdos o jabalís y que ellos utilizaban, tanto para limitar tierras, como en cultos funerarios.

Sin embargo, existen otros historiadores que creen que la ciudad de Ávila la fundaron los romanos, que le habrían dado el nombre de “Abela”. Aparentemente, la que era la ciudad romana se correspondería con lo que hoy en día es la ciudad intramuros. Vestigios de este pasado romano, que visitamos en nuestras rutas son: la necrópolis, el puente y el foro.