Terminaremos en este breve artículo con la introducción histórica de la ciudad de Ávila. Habíamos hablado anteriormente de los vestigios de la presencia romana aún existentes en nuestra ciudad. Pues bien, con posterioridad a los romanos, llegaron a la ciudad de Abela, a lo largo del sigo VI, los visigodos. De esta época nos queda el templo más antiguo de Ávila, la iglesia de Santa María La Antigua (que es actualmente convento de las Teresianas), resto de un antiguo monasterio fundado antes del año 687. El pueblo visigodo fue posteriormente invadido por los musulmanes quienes, a las órdenes de Tarik, conquistaron la ciudad en el año 714, cambiando su nombre a “Abila”. Y, desde ese mismo momento, la ciudad se convierte en un punto estratégico como enclave defensivo, siendo siempre deseada tanto por árabes como por cristianos.

Después de la caída del Califato de Córdoba y de la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, éste ordenó a Don Raimundo de Borgoña, esposo de su hija Urraca, que repoblara la ciudad de Ávila que, por entonces, estaba ya deshabitada. En este proceso de repoblación intervinieron emigrantes navarros, francos, aragoneses, vascos, cántabros y asturianos. Existen historiadores que piensan que fue entonces cuando se comenzó a construir la muralla de Ávila, si bien lo más factible es que ésta sea del siglo XII.

Durante los reinados de los Reyes Católicos, de Carlos I y Felipe II; Ávila vive un periodo de esplendor gracias a presencia intermitente en ella de la corte. En esta época debemos situar a dos de los más ilustres abulenses: Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. A pesar de la importante vida cultural de la ciudad en esta época, también fueron tiempos de grandes epidemias y pestes. Además, la actividad económica abulense cayó en picado y, por ejemplo, en 1618, únicamente vivían 1500 personas en la ciudad. Con objeto de revertir esa situación de crisis, se levantó en el siglo XVIII la Real Fábrica de Algodón, si bien con escaso éxito.

El siglo XIX no fue mejor para Ávila, ya que en 1809 la ciudad fue saqueada por el ejercito francés, lo que inició un periodo de decadencia que hizo que, por ejemplo, Bécquer dijera de ella que tenía una “población anclada en el siglo XVI, silenciosa y estancada”. Actualmente, sin embargo, es una de las ciudades que mayor turismo recibe; no en vano, es una de las ciudades más monumentales de nuestro país.